La crisis global ha puesto en tela de juicio la ideología del neoliberalismo. Ideas como “los mercados se regulan solos”, “el Estado no es la solución sino el problema”, “solo el Estado es corrupto”, “el riesgo justifica las ganancias”, se han derrumbado.
Durante años, el modelo de acumulación del neoliberalismo ha orientado a los inversionistas a buscar las grandes utilidades y beneficios - que no podían encontrar en la economía productiva o real - en la especulación financiera, ocasionando desequilibrios y burbujas que terminaron por ocasionar la primera recesión de todas las economías del mundo. De igual modo, se presenta una paradoja en el modelo de producción, actualmente el mundo vive una sobre producción de toda clase de bienes, al tiempo que existe un gran déficit de consumo básico en cientos de millones de pobres. Es decir, pocos consumen innecesariamente y la mayoría no tiene sus necesidades básicas satisfechas. El consumismo, alentado por parte de las economías industrializadas para la población con acceso al crédito, ha venido devorando el planeta ocasionando una situación ambiental insostenible para la vida en la tierra.
El supuesto en el que ha basado la economía mundial – especialmente de los países con economías primario exportadoras - que dice que la demanda externa es la garantía del financiamiento del desarrollo interno, y por ello es indispensable suscribir tratados de libre comercio a fin de ganar mercados, ya no es válida, pues precisamente la apertura indiscriminada de los mercados nacionales ha sido la principal correa de transmisión de la crisis en todo el mundo. La reducción drástica de las exportaciones a los países centrales ha puesto en peligro rápidamente los ingresos de los países de la periferia. La idea de que el ciudadano del norte podía comprarlo todo se basaba en una mentira, en el crédito sin sustento, en el dinero como promesa, que hoy ha llegado a su fin y que nos pone en un escenario de definición de nuevas reglas, siendo el reto que todos los países puedan participar en esta redefinición y no solo 8 ó 20. El peso en las decisiones mundiales debería tomar en cuenta el número de habitantes y las reservas internacionales.
Esta crisis profunda que se prolongará por varios años, impone la necesidad de mirar nuevamente a los mercados internos, pero principalmente impone la búsqueda de otro tipo de desarrollo, basado en el bienestar de los pueblos y el cuidado del planeta. El sentido común que dice que cualquier cosa alternativa a este modelo es peor, está abriendo paso a nuevas formas de entender la vida, la producción y el trabajo humano, en donde los pueblos andinos y amazónicos tienen mucho que decir.
La crisis civilizatoria y ambiental mucho más evidente, tras el colapso del modelo de producción y acumulación, trae retos enormes, especialmente para la región andina que tiene diversos pueblos, nacionalidades y climas en su territorio.
En su dimensión económica, la crisis afecta en primer lugar a los de siempre, a aquellos que han estado esperando que el modelo neoliberal reparta el excedente y que hoy ven lejana esa posibilidad. Por su parte, los que se beneficiaron del modelo como las minas, los bancos, las agroexportadoras, etc. buscan rescates y beneficios que no trasladan a sus trabajadores.
Si junto al deterioro de la macroeconomía, las respuestas de los gobiernos no son adecuadas, no aceptan que la crisis va para varios años, no fomentan la demanda interna a través de la suba de pensiones, salarios e inversión en el campo, no reestructuran sus economías y no ponen por delante las perspectivas de otro desarrollo, tendremos escenarios de alta conflictividad social.
Pero, ¿Cuál es el contenido de otro desarrollo?
Esta pregunta ya ha sido respondida por diversas organizaciones sociales y movimientos de nuestra región. Soberanía y seguridad alimentaria; intangibilidad de la amazonía; seguridad social; economía y finanzas solidarias; innovación tecnológica (limpia) y calificación laboral; desarrollo local; integración desde y para los pueblos; comercio justo; preservación de los recursos hídricos y lucha contra el cambio climático; plurinacionalidad y construcción de ciudadanía desde la heterogeneidad; buen vivir; etc. constituyen el otro desarrollo posible.
Y ¿Cómo financiar este desarrollo sin endeudar más a nuestros pueblos?
Ya hemos visto durante los últimos 20 años como a través de la deuda externa se ha condicionado nuestra política económica y saqueado nuestros recursos. Precisamente, la salida planteada por el G20 es endeudar más al mundo, dando 1.1 billones de dólares al sistema financiero para que instituciones como el FMI y Banco Mundial se fortalezcan. Es decir, la solución del G20 es más de lo mismo. Por ello, los pueblos requieren recuperar el control sobre sus recursos naturales, financieros (auditorías) y tributarios (reformas progresivas) a fin de no requerir de más deudas en el financiamiento de su propio desarrollo.
En ese sentido, las organizaciones que convocan a este seminario internacional, Jubileo Perú, CEDAL, Latindadd y la Plataforma Interamericana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo (PIDHDD – Perú), buscan aportar en este debate, punto de partida de toda estrategia de repudio del modelo neoliberal, promoviendo discusiones y diálogos sobre el alcance, contenido y profundidad de la actual crisis global, colocando elementos – a través de analistas, académicos y líderes sociales - para la construcción de un nuevo paradigma. Estos aportes se reflejarán en la Declaración de Lima, documento que se construirá a partir de un borrador preparado por los organizadores y trabajado después de los debates del seminario, en tres grupos de trabajo, el primero sobre naturaleza de la crisis, el segundo sobre impactos y respuestas oficiales; y el tercero sobre un nuevo paradigma.
































